domingo, 29 de mayo de 2016

Viluma y la Laguna, Alto Perú, 1816

Querido diario:

              Jamás olvidé aquel rescate, qué bien diagramado... mi marido logró excarcelarme y salimos rápidamente con Luisa, nuestra pequeña hija de un año de edad. Retomamos nuestra labor como comandantes de la guerrilla independentista del Alto Perú contra los realistas españoles en la guerra de la independencia hispanoamericana.

              Estábamos muy contentos, alegres y orgullosos de haber triunfado tantas batallas, por lo tanto habíamos decidido tomarnos un descanso y desprendernos un rato de la realidad de todos los días. Nuestro destino fue Viluma, un hermoso pueblo que rondaba cerca de donde nos encontrábamos. Nuestra ignorancia nos costó mucho. La intromisión en la vida política, más nuestro constante desafío contra el orden social no nos permitía relajarnos, al contrario, debíamos vivir alerta... y allí fallamos... una emboscada situada a nuestros alrededores nos había aprisionado nuevamente..., comencé a ser claustrofóbica a partir de ese momento, pensar volver a la cárcel me apabullaba. Sin dudarlo dos veces nos habíamos puesto de pie para hacerle frente al enemigo como en tantas otras batallas, pero a diferencia de las demás, nuestro ejército nunca apareció... mi marido y yo, tuvimos que pelear solos...

              El 14 de septiembre de 1816, Aguilera acabó con la vida de mi marido, allí en Viluma, donde supuestamente íbamos a descansar y desconectarnos de todo durante un tiempo... Manuel se interpuso para que no me dañaran, pero ese acto hizo a su muerte. Mientras lamentaba la reciente pérdida, me llegaban más malas noticias... en la Laguna los realistas ganaban la batalla... ¡cómo se notó nuestra ausencia!. Los nervios se habían apoderado de mí y mi instinto me obligó a escapar. Recuerdo que estaba mal herida y shockeada por la reacción de nuestros invasores, ¡sigo sin creer que hayan exhibido en una pica las cabezas de mi marido y una compañera creyendo que ella era yo...! Pese al dolor que sentía mi corazón partido al medio, había jurado vengarme, no solo por mi heroico marido, sino también por todas las víctimas que trajeron todas estas guerras.

             Mis sentimientos estaban golpeados, pero mi espíritu seguía intacto, él fue quien me inspiró a no quedarme de brazos cruzados y haber hecho que la muerte de mi marido Manuel Padilla no haya sido en vano, sino que se honre y reconozca por todo lo que aportó a nuestra querida Patria. Su cuerpo estaba en manos de los realistas y mi objetivo constaba en recuperarlo para cerrar su ciclo.

             Me llevó meses reclutar a mis Leales, pero no cesaría mi deseo de otorgarle una muerte valedera... y así, junto con ellos y otros hombres que había encontrado en el camino, pudimos recuperar los restos de quien alguna vez fue mi marido y padre de mis cinco hijos.

             Pienso recurrentemente ahora que soy una persona mayor en ese día, el día en que llevamos por fin su cuerpo a una iglesia donde se le hicieron los sacramentos para su eterno descanso. Fue y será verdaderamente un gran hombre, el más grande que jamás conocí, por su inmenso amor por la verdad y justicia, y por haberme protegido hasta su último aliento...

             Por esta historia, querido diario, te cuento que no me arrepiento de absolutamente nada, aún habíéndome quedado sin un peso, respeté y voy a respetar hasta el último día de mi vida mi lema familiar... ya legado. Miro el pasado y sonrio dolorosamente... las personas que pasaron por él y todo lo que dieron por un objetivo común, defender nuestro único gran amor, la maravillosa Patria.

Pigna, Felipe: "Mujeres tenían que ser", Buenos Aires, Sudamérica, 2011
http://www.lanacion.com.ar/468677-manuel-padilla-juana-azurduy
https://es.wikipedia.org/wiki/Juana Azurduy
Manuel Padilla

Manuel Padilla & Juana Azurduy

Juana Azurduy en batalla
https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Ascencio_Padilla
http://lapatriaenlinea.com/?nota=77943
http://www.elortiba.org/azurduy.html


Provincias Unidas del Río de la Plata, 1816

Querido diario:

             Recuerdo mis tiempos de lucha por la liberación... por la independencia... para por fin librarnos de los desgraciados españoles que me habían quitado absolutamente todo...

             Principalmente memoro cuando luché en la guerra de la independencia comandando a los guerrilleros en las Provincias Unidas del Río de la Plata... me otorgaron allí el grado de Teniente Coronela por mi coraje y sacrificio, y dejando de lado la soberbia, gracias a mis hazañas.

             Crueles épocas... si las habré pasado... mi fuerza de voluntad era lo único que me mantenía erguida y de pie... tal es así que cada tanto un mérito recibía, sea el nacimiento de mi quinta hija o una victoria, satisfacía mi hambre de justicia.

             Momento inolvidable aquel en el que el mismísimo General Manuel Belgrano me hizo la entrega de su sable en reconocimiento de mi labor... para mí no era una labor, sino un deber y obligación defender a la Patria... El General comprendía mejor que nadie lo que sentía, compartíamos la misma pasión, esa pasión indestructible dentro de nosotros que nos presentaba como personas frías. Sin embargo, nadie mejor que nosotros conocía al sufrir..., al dejarlo todo..., al sacrificio..., al olvido..., pero todo valía la pena al ver en el final del camino una salida, una meta, conseguir a la amada independencia..., a la anhelada paz..., y a la esperada libertad.

             Ese sable... qué de anécdotas compartí con él, me llenaba de valentía y poder solo sostenerlo entre mis manos... verme reflejada en él agrandaba mi espíritu, y de alguna manera sanaba lo sufrido en tiempos pasados. Me acuerdo como si hubiese sido ayer cuando lo utilicé en la Batalla de Villar y de la Laguna, tan ciega estaba por su uso que me hirieron. Consecuente de esto me tomaron como prisionera.

             Mis tiempos en la prisión reprimieron gran parte de mis energías, si bien no fue el hecho que más dolor me provocó en la vida, no fue para nada agradable estar encerrada ahí como un pobre animal metido en una jaula esperando a que le den de comer o saquen a pasear. Nadie tenía consideración con nadie y menos la iban a tener conmigo, su opositora. Me dediqué a pensar, a reveer algunos hechos y fascinarme por algunos otros... también lloré, mis sentimientos parecían pedir a gritos ser expresados... y así lo hice. Repetía mentalmente en la oscuridad de la cárcel: "Juana, sos fuerte, acordate del pacto que tenías con tu familia, por ellos tenés que luchar, no te olvides del lema que los atará por siempre: dispuestos a darlo todo por la Patria".

es.m.wikipedia.org
www.elortiba.org

Manuel Belgrano

Juana Azurduy y su Sable

Juana Azurduy partícipe de una de las guerras

Juana Azurduy y su Sable


http://www.minutouno.com/notas/33871-manuel-belgrano-un-heroe-que-murio-dinero-su-lapida
http://www.santacruz.gob.bo/autonomica/bicentenario/datoshistoricos/recorrido/contenido.php?IdNoticia=3836&IdMenu=204000#ancla
http://blogsdelagente.com/agencianotiofer/2010/05/25/el-25-de-mayo-de-1862-muere-dona-juana-azurduy-a-los-82-anos-en-la-mayor-pobreza/
http://la5tapata.net/las-mujeres-que-la-matria-pario-y-la-patria-olvido/

Alto Perú, 1813

 Querido diario:

             Sigo recordando... ¡Qué tiempos aquellos!

             Dentro de la guerra que sufría mi país, el Alto Perú en el año del señor de 1813 tras la derrota de Ayohuma, todo parecía perdido para nuestros Patriotas, pero con mi marido Manuel logramos organizar batallones guerrilleros que, bajo el mando del Superior del General Albares de Arenales, llevaron adelante la resistencia de aquel Alto Perú. Defendimos a sangre y fuego el avance español en la zona comprendida entre Cochabamba Norte y las Selvas de Santa Cruz de las Sierras.


             El mayor de mis temores, además de haber perdido mi hogar, eran mis hijos…era posible que en ese momento, más que la condición de luchadora, el destino me había enfrentado a mi condición femenina atada al instinto de protección de mis hijos, que no podían valerse por si mismos, no solamente habíamos estado a merced del enemigo sino que, también de los mosquitos y las fiebres palúdicas, que eran la amenaza mortal de la que no conseguíamos librarnos en esos pantanos. 

            La angustia había invadido mi corazón, ya que Manuelito, el mayor de mis hijos, a pesar de que era el mas robusto, cayó preso de la violenta fiebre de la Malaria e iba desmejorando hora tras hora; no solamente me había dado cuenta de la enfermedad de Manuelito, sino que también Mariano, estaba gravemente enfermo de la misma fiebre; en cuanto a las niñas, le dije a Dionisio Quispe, el cual era el único acompañante que me quedaba, que se las lleve a un lugar seguro, hasta que sus hermanos se curen. Fue ese el momento, donde en mi mente y corazón, quedaba poco de esa jefa imbatible, y comenzaba a aflorar la madre angustiada que imploraba por la presencia de su esposo. 

           Entre tanto, la fuerza que necesitaba, salía de esa pequeña voz, esa voz que me consolaba y decía: “No llores mamá, que ya me voy a curar”, esa voz era de Manuelito; abrace su cuerpo, del cual despedían inmensas olas de calor... él solo me preguntaba: “¿Cuándo vendrá Tatita? Que quiero despedirme” ; fue ese momento el que no quería que llegara, ese momento que viviría en mi mente por siempre, ese momento que aún sigo recordando a mis 79 años…murió, murió Manuelito; pero no hubo tiempo para lamentos, porque ahora Mariano me necesitaba... él mostraba también esta situación desesperante y dolorosa…Nunca pensé que el mismo vientre que había dado a luz a esas hermosas criaturas, iba a tener que hacer fuerza para cavar sus tumbas.

           En ese instante un mal presagio, me hacía temblar, ese mismo indio al cual le confiaba plenamente mis hijas, Mercedes y Juliana, y al cual le pedí que las llevara a un refugio, no había regresado. 

           Cuando se produjo algo así como un milagro, o por lo menos algo bueno entre tanto infortunio, escuché un ruido a mis espaldas, había pensado que era el enemigo, pero no, estaba equivocada, eran dos colaboradores: Manuel Ascencio y Juan Hualparrimachi, quienes al verme con la angustia pintada en el rostro comprendieron que algo terrible había sucedido y algo peor sucedería...

           Salimos como una tromba, en busca del refugio o lugar en donde podrían estar mis hijas; encontramos el lugar, así como también nos encontramos con la sorpresa de que en ese mismo sitio también se alojaban nuestros enemigos.

           El indio, nos había traicionado entregando a las niñas como rehenes, para apresarnos. De un momento a otro, habíamos decidido descargarnos a garrotazos, hiriendo y matando a nuestros contrincantes, sin importar nuestra propia vida, ni de lo que fuera a suceder, solo con el fin de rescatar a mis hijas.

          Entre los muertos se encontraba Dionisio Quispe, el indio traidor; Mercedes y Juliana yacían con sus muñecas y tobillos, atados a los barrotes de las camas. 

          Luego de salir de ese lugar, nosotros y Hualparrimachi, nos alejamos con las niñas en los brazos en busca de un nuevo refugio. En ese entonces percibimos sus cuerpos hirvientes y temblorosos, no por temor, ya que las niñas me habían tomado como su ejemplo a seguir y eran mas bravas que los varones… había creído que el Paludismo se había ido, pero nuevamente estaba equivocada, se había ensañado también con ellas; fue así como Mercedes y Juliana, los soles de nuestras vidas, también terminaron muriendo a pesar de que intentamos ayudarlas y hacer todo esfuerzo para que sobrevivieran.

          Ya, sin hogar y con el corazón roto en cuatro pedazos por la muerte de mis cuatro hijos, solo me quedaba como consuelo, la vida que se estaba gestando en mi vientre… ¿Cuántas vidas inocentes debían tomarse para lograr la paz tan esperada?


O’Donnell, Mariano: “Juana Azurduy, La Teniente Coronela. Capitulo XIV”. Buenos Aires, Argentina. 1995.
Pigna, Felipe: “Mujeres tenían que ser”. Buenos Aires. Sudamérica. 2011
 



Mapa del Alto y Bajo Perú


Fiebre Malaria


Juana Azurduy
http://www.forosperu.net/
http://www.minsa.gob.pe/
http://www.taringa.net/posts/noticias/18638196/Locro-origen-Alto-peru.html

viernes, 27 de mayo de 2016

Chuquisaca, 1809

Querido diario:

        Había llegado aquel día... Luego de haber esperado siete años desde mi compromiso con Manuel Padilla y el nacimiento de nuestros primeros cuatro hijos, al fin pudimos comenzar a servir a nuestra Patria como realmente merecía. Nuestro plan consistía en reunirnos con los ejércitos populares creados tras la destitución del virrey para impedir un nuevo aprovisionamiento de las fuerzas. La valentía me llenaba de energía, mi intromisión política iba a alterar el fenómeno social pero no me importaba. Al igual que la discriminación que me caracterizaba por ser hija de mestiza.

        Pobre Manuel, en ese tiempo vivió escapando... no éramos aceptados por nuestro inmenso espíritu de lucha y justicia.En cuanto a mí, el realista Vicente Nieto, me había molestado bastante... Aquel jefe nos mandó reiteradas órdenes de captura. Estábamos decididos... mis hijos y Manuel sabían al igual que yo las consecuencias que traerían plantear nuestras ideas revolucionarias. Fue por ello que mi marido decidió salir de la clandestinidad y sumarse a las fuerzas revolucionarias. 

        Jamás olvidaré ese día... Estaba cenando con mis cuatro hijos y un inesperado ataque interrumpió ese momento. Los realistas habían logrado rodear nuestra casa tras la derrota de Huaqui. Resistí, hasta que ví por la ventana a mi valiente marido luchar para liberarnos. Un recuerdo había abordado mis pensamientos en ese instante: ¿Qué hubiese ocurrido si Manuel no hubiera aparecido y los realistas me capturaban?... ¿Dónde habrían ido a parar mis hijos?... ¿A un convento quizá, como yo de niña al morir mis padres? Cuando observé la victoria de Manuel sobre ellos respiré profundamente. 

         Luego de ese episodio, se nos hizo costumbre organizar guerras entre grupos guerrilleros para prevenir estos avances repentinos. No queríamos volver a sorprendernos como aquella vez... ni correr riesgos menores cuando hay tanta valentía y amor por la Patria para llevar adelante... hubiese sido un desperdicio que por uno de estos fallos fuera apagada esa fuerza interior. En ese tiempo, sentía necesidad de sumarme a las luchas reales de mayor importancia y gravedad, ellas serían parte de mí... de mi historia. No iba a ser fácil, pero pensar en hacer desaparecer todas las injusticias políticas y sociales, alimentaba mis ganas de seguir adelante, pese a lo que eso involucrara a nivel personal.
   
        Nuestro lema familiar era: Dispuestos a darlo todo por la Patria.


Pigna, Felipe: "Mujeres tenían que ser". Buenos Aires, Sudamérica, 2011.
CGS: "La web de las biografías". www.mcnbiografias.com 
         
Juana Azurduy

Manuel Padilla y Juana Azurduy

www.biografiasyvidas.com/biografia/a/azurduy.htm