Jamás olvidé aquel rescate, qué bien diagramado... mi marido logró excarcelarme y salimos rápidamente con Luisa, nuestra pequeña hija de un año de edad. Retomamos nuestra labor como comandantes de la guerrilla independentista del Alto Perú contra los realistas españoles en la guerra de la independencia hispanoamericana.
Estábamos muy contentos, alegres y orgullosos de haber triunfado tantas batallas, por lo tanto habíamos decidido tomarnos un descanso y desprendernos un rato de la realidad de todos los días. Nuestro destino fue Viluma, un hermoso pueblo que rondaba cerca de donde nos encontrábamos. Nuestra ignorancia nos costó mucho. La intromisión en la vida política, más nuestro constante desafío contra el orden social no nos permitía relajarnos, al contrario, debíamos vivir alerta... y allí fallamos... una emboscada situada a nuestros alrededores nos había aprisionado nuevamente..., comencé a ser claustrofóbica a partir de ese momento, pensar volver a la cárcel me apabullaba. Sin dudarlo dos veces nos habíamos puesto de pie para hacerle frente al enemigo como en tantas otras batallas, pero a diferencia de las demás, nuestro ejército nunca apareció... mi marido y yo, tuvimos que pelear solos...
El 14 de septiembre de 1816, Aguilera acabó con la vida de mi marido, allí en Viluma, donde supuestamente íbamos a descansar y desconectarnos de todo durante un tiempo... Manuel se interpuso para que no me dañaran, pero ese acto hizo a su muerte. Mientras lamentaba la reciente pérdida, me llegaban más malas noticias... en la Laguna los realistas ganaban la batalla... ¡cómo se notó nuestra ausencia!. Los nervios se habían apoderado de mí y mi instinto me obligó a escapar. Recuerdo que estaba mal herida y shockeada por la reacción de nuestros invasores, ¡sigo sin creer que hayan exhibido en una pica las cabezas de mi marido y una compañera creyendo que ella era yo...! Pese al dolor que sentía mi corazón partido al medio, había jurado vengarme, no solo por mi heroico marido, sino también por todas las víctimas que trajeron todas estas guerras.
Mis sentimientos estaban golpeados, pero mi espíritu seguía intacto, él fue quien me inspiró a no quedarme de brazos cruzados y haber hecho que la muerte de mi marido Manuel Padilla no haya sido en vano, sino que se honre y reconozca por todo lo que aportó a nuestra querida Patria. Su cuerpo estaba en manos de los realistas y mi objetivo constaba en recuperarlo para cerrar su ciclo.
Me llevó meses reclutar a mis Leales, pero no cesaría mi deseo de otorgarle una muerte valedera... y así, junto con ellos y otros hombres que había encontrado en el camino, pudimos recuperar los restos de quien alguna vez fue mi marido y padre de mis cinco hijos.
Pienso recurrentemente ahora que soy una persona mayor en ese día, el día en que llevamos por fin su cuerpo a una iglesia donde se le hicieron los sacramentos para su eterno descanso. Fue y será verdaderamente un gran hombre, el más grande que jamás conocí, por su inmenso amor por la verdad y justicia, y por haberme protegido hasta su último aliento...
Por esta historia, querido diario, te cuento que no me arrepiento de absolutamente nada, aún habíéndome quedado sin un peso, respeté y voy a respetar hasta el último día de mi vida mi lema familiar... ya legado. Miro el pasado y sonrio dolorosamente... las personas que pasaron por él y todo lo que dieron por un objetivo común, defender nuestro único gran amor, la maravillosa Patria.
Pigna, Felipe: "Mujeres tenían que ser", Buenos Aires, Sudamérica, 2011
http://www.lanacion.com.ar/468677-manuel-padilla-juana-azurduy
https://es.wikipedia.org/wiki/Juana Azurduy
| Manuel Padilla |
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| Manuel Padilla & Juana Azurduy |
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| Juana Azurduy en batalla |
http://lapatriaenlinea.com/?nota=77943
http://www.elortiba.org/azurduy.html










