Querido diario:
Había llegado aquel día... Luego de haber esperado siete años desde mi compromiso con Manuel Padilla y el nacimiento de nuestros primeros cuatro hijos, al fin pudimos comenzar a servir a nuestra Patria como realmente merecía. Nuestro plan consistía en reunirnos con los ejércitos populares creados tras la destitución del virrey para impedir un nuevo aprovisionamiento de las fuerzas. La valentía me llenaba de energía, mi intromisión política iba a alterar el fenómeno social pero no me importaba. Al igual que la discriminación que me caracterizaba por ser hija de mestiza.
Pobre Manuel, en ese tiempo vivió escapando... no éramos aceptados por nuestro inmenso espíritu de lucha y justicia.En cuanto a mí, el realista Vicente Nieto, me había molestado bastante... Aquel jefe nos mandó reiteradas órdenes de captura. Estábamos decididos... mis hijos y Manuel sabían al igual que yo las consecuencias que traerían plantear nuestras ideas revolucionarias. Fue por ello que mi marido decidió salir de la clandestinidad y sumarse a las fuerzas revolucionarias.
Jamás olvidaré ese día... Estaba cenando con mis cuatro hijos y un inesperado ataque interrumpió ese momento. Los realistas habían logrado rodear nuestra casa tras la derrota de Huaqui. Resistí, hasta que ví por la ventana a mi valiente marido luchar para liberarnos. Un recuerdo había abordado mis pensamientos en ese instante: ¿Qué hubiese ocurrido si Manuel no hubiera aparecido y los realistas me capturaban?... ¿Dónde habrían ido a parar mis hijos?... ¿A un convento quizá, como yo de niña al morir mis padres? Cuando observé la victoria de Manuel sobre ellos respiré profundamente.
Luego de ese episodio, se nos hizo costumbre organizar guerras entre grupos guerrilleros para prevenir estos avances repentinos. No queríamos volver a sorprendernos como aquella vez... ni correr riesgos menores cuando hay tanta valentía y amor por la Patria para llevar adelante... hubiese sido un desperdicio que por uno de estos fallos fuera apagada esa fuerza interior. En ese tiempo, sentía necesidad de sumarme a las luchas reales de mayor importancia y gravedad, ellas serían parte de mí... de mi historia. No iba a ser fácil, pero pensar en hacer desaparecer todas las injusticias políticas y sociales, alimentaba mis ganas de seguir adelante, pese a lo que eso involucrara a nivel personal.
Nuestro lema familiar era: Dispuestos a darlo todo por la Patria.
Pigna, Felipe: "Mujeres tenían que ser". Buenos Aires, Sudamérica, 2011.
CGS: "La web de las biografías". www.mcnbiografias.com


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